terremoto.net

Hablando de diseño desde 2000

Un paquete llega a Cincinatti

La sala entera estalló en un aplauso. Dieter Rams no. Sobre la mesa de juntas, los restos del embalaje del paquete y el nuevo prototipo. Alguien había dejado el viejo al lado, para poder comparar. Los acentos en azul, el texto 3D Excel en una cursiva que añadía velocidad, las formas más dinámicas y orgánicas... Llevaban años trabajando con ese proveedor. Su diseño para el bote de champú Pantene ayudó mucho a P&G a posicionar la marca. Pero sus mejores trabajos los habían hecho con las fragancias: Hugo, Dolce & Gabbana... Sabían hacer que las formas hablasen, que contasen historias. Desde el polycom, el director creativo de la agencia justificaba las decisiones: — Somos admiradores del trabajo de Herr Rams. Creemos que cepillarse los dientes es mucho más que higiene, es... ¡Emocionante! Weniger aber besser, ¿Verdad, Dieter? Todos miraron al viejo diseñador, pero él no respondió. El director de marketing tomó la palabra: — Gracias, Miles. Estamos convencidos de que vuestras decisiones tendrán un impacto en las ventas. — Más nos vale —dijo el CEO, casi para sí. Alguien circuló unas fotografías sobre cartón pluma: una mujer cepillándose los dientes mientras detrás, su marido se ajustaba la corbata. Sonrisas, familias felices en suburbios californianos. Otra imagen mostraba cómo por dentro, el cepillo de dientes era el mismo. Funcionaba igual, probablemente se vendería mejor. La filosofía de diseño que la compañía había aplicado durante veinte años acababa de romperse. Todos eran conscientes pero, con unas ventas en declive y unas cuentas al borde de la quiebra, el debate era incómodo. — Buen trabajo, chicos —dijo el CEO dirigiéndose al polycom—. En serio. Oye, Miles, ¿qué hora tenéis allí? — Las siete de la tarde. — Pues a casa. Os lo habéis ganado. Risas. Una despedida y un aplauso final para que el equipo de la agencia neoyorkina lo escuchase al otro lado de la línea. Rams recogió sus papeles y salió cuando los aplausos se atenuaban. En el pasillo, las luces de fluorescente zumbaban con su indiferencia habitual. Se detuvo un momento. Había perdido, no merecía la pena luchar más. Estaba cansado.

Empujó la puerta y salió a la calle.

 

Las fotografías son reales, de Michael Dant. Todo lo demás es una ficción de base histórica.